La Leyenda de los Amantes

h4<>.El mito de la constelación de los Amantes: el Arquero y la Doncella; hubicados en la parte austral del firmamento y que puede observarse en el norte del continente durante los meses de invierno, muy cerca de Polaris; la estrella del norte. Los amantes es uno de los cuentos tradicionales que narran los Caballeros de Sephiroth como medio de enseñanza de la bondad y la dualidad de Erü,asi mismo se cuenta que esta basado en un realto verdadero, pero vamos, ¿Quién a visto alguna ves un dragón, y mucho menos de semejantes proporciones como las que se narra aqui?

El nacer de una estrella: Los Amantes

Cuenta la leyenda que en el antiguo reino de Romena vivía una doncella que no tenia par; su belleza competía con Atis y Jun, las grandes diosas del cielo y la tierra; su voz amante era mas dulce que la vid; su piel, tersa y suave era fresca y clara como la tierra después del matutino despertar; su largo cabello ocre volaba grácil cuando su esbelta figura corría por los grandes pastizales de las fincas románicas; era una gacela, delgada como el junco, pero indomable como el viento. Su nombre ha sido olvidado a lo largo de los tiempos, pero su historia vive, y crece cada día más, pues nos recuerda que aun hay esperanza y los dioses nunca abandonan.

Todo comenzó aquella tarde de verano, el sol se encontraba en el horizonte y sus rayos bañaban toda la tierra románica, iluminando con su furor tanto el cielo y las verdes tierras y doradas espigas de los pastizales. Ella caminaba por las tierras de su padre, el Sumo Sacerdote de Baldan, dios de la justicia y el rayo, el que da la vida y concede la bonanza. Los hombres contaban que aquel sacerdote severo e inquisidor, no había podido tener hijos, pero por medio de sacrificios y rogativas a Baldan, aquella hermosa dama había nacido, por eso, la gente del pueblo decían que era hija de dios, y consagrada a él. Caminaba por la finca de su padre, era una época pacifica, antes de la gran Guerra, el Dragón de ithildin nunca había llegado al territorio y aun era hermoso y lleno de alegría. A cada paso que daba aquella hermosa criatura, las mariposas nacían y cubrían su cuerpo como un largo vestido vaporoso e incorpóreo, sus pies nunca tocaban el suelo ya que la tierra hacia brotar multitud de flores que perfumaban su andar. Así llegó a una colina rodeada de olivos, y se detuvo en su cima, a admirar el ocaso. El sol se detuvo por un instante, y su última caricia la dedicó a ella, fragante y hermosa, más que humana parecía la misma Artemis encarnada con un aura de oro y esmeralda.

Así la vio por primera vez aquel hombre que incauto llegó armado de espada y lanza, pero su corazón se encontraba vulnerable, hombre de armas curtido en la frontera del reino, amigo de los animales y los bosques, ermita por naturaleza, capitán de hombres por necesidad, sus ojos implacables habían visto cara a cara la temida desolación de Ithildin y, ya sea por suerte o algún designio divino, aquel montaraz sobrevivió a tan terrible prueba solo para terminar aquella tarde de verano observando la cima de la colina, llegando presuroso de la guerra, su poderoso caballo corría flotando sobre la hierba, un gran guerrero de pelaje pardo y miembros vigorosos llevando a un héroe de cabellos revueltos y sudorosos, la cara curtida por el sol y la tierra, sus brazos quemados demostraban la rudeza de la lucha y la sangre manchaba su armadura; cansado, finalmente la vio, y sus miradas se cruzaron, ella; siempre encerrada en su mundo de luz y magnificencia; jamás había visto a un hombre como él, sucio y herido, sin gallardía y caballerosidad, pero existía algo más, sus ojos… no eran ojos de cortesanos y sacerdotes ni de caballeros sanguinarios, en sus ojos vio algo diferente, eran rígidos y austeros, pero llenos de bondad , y su alma de niña quedo finalmente marcada por ese espíritu orgulloso y sobrio… y nunca más se aparto de él. Grande había sido la sorpresa para él al ver a aquella mujer en la colina pues su casto corazón pocas veces había visto damas como ella, era pura e inocente, llena de paz y libre de la guerra, y miró unos ojos más profundos que el mar y más calidos que el sol; en ese instante su alma se llenó de un sentimiento ardiente y extraño que nunca más abandonó, sus miembros repentinamente cedieron, y el caballo redujo su galope, ella lo observó como si observara a un ángel, y él la miró como si no existiera nada más en el mundo; y sin saberlo, él encontró su perdición.

El sol finalmente se ocultó en el horizonte, y las miradas de ambos se apartaron momentáneamente, él volvió a cabalgar pero el caballo dudó por un segundo, pues el lazo entre este y su jinete era grande; avanzó lentamente hasta que la perdió de vista, el corazón de él ardía y dolía como si una aguja le atravesase de lado a lado, pero debía llegar a la finca, llevar el mensaje al Sumo Sacerdote y anunciar el hado, pues la victoria dependía de su realización. Mientras cabalgaba entonces a todo galope, él cerraba los ojos para calmar su dolor; su fiel amigo lo llevaba por senderos seguros hasta su meta.

Ella al verlo marchar sintió como su fuerza la abandonaba, sus manos se estiraban como las ramas de un árbol movidas al viento, sus pies, misteriosamente estaban enraizados a la tierra, y mientras se alejaba el jinete, ella derramó por vez primera lágrimas de cristal sobre sus mejillas rojizas. ¿qué terrible sentimiento es este que pone mi alma de esta forma? se preguntó al mismo tiempo que varias gotas de diamante escurrían sobre su faz; acercó sus manos a su corazón y miró por largo tiempo aquel camino por donde la causa de su pena andaba. Sumida en sus pensamientos estaba, cuando una de las sirvientas de la finca llegó a buscarla y juntas viajaron en carruaje a la villa de su padre; en el camino, observaba a la luna que tímida se asomaba en el cielo, sin darse cuenta que con las manos juntas deseaba con todo su corazón que el extraño hombre de austero perfil estuviese en la mansión de su padre.

Aquel hombre llegó jadeante a la casa de descanso del Sumo Sacerdote; fatigado fue retenido en la entrada pues ningún hombre sin purificar podría pisar el suelo sagrado de la casa papal, mucho menos tener el atrevimiento de mirar a la cara al máximo jerarca del dios más adorado en el mundo. Él, fue llevado a una sala de purificación ajena al palacio, agotado se lavó y quitó la armadura, dejó sus armas junto a su caballo y se acercó a una vajilla con comida; pero fue reprendido por los guardias que le impidieron comer antes de ver al patriarca, puesto que también era pecado. Cansado, se quitó la ropa ensangrentada y sucia, y se puso una túnica de blanco algodón. Se descalzó en la entrada y caminó por el frío piso de mármol que conducía a la sala de audiencias del clérigo. Finalmente estuvo ante la entrada de la sala de audiencias, se detuvieron. Iba a preguntar el porqué pero extenuado de tanto lío, decidió guardar silencio pues temía un nuevo ritual de purificación y mas largas para la comida; además, le preocupaban sus hombres, ¿qué horrores podrían surgir mientras el no estuviera con ellos?, ¿aquel demonio en forma de dragón volvería a atacar? ¿O el guerrero misterioso de blancos cabellos finalmente le había vencido?; lentamente otra idea surgía en su mente; aquella mujer en la colina regresaba una y otra ves a su cabeza, su pecho latía agresivamente, la recordaba en su mente deseando que en vez del anciano sacerdote ella estuviese en la sala de audiencias, pero sabia que eso no sucedería. Finalmente se oyó una voz, ahora seria recibido. Las puertas se abrieron de par en par y él, junto con dos sacerdotes armados con mazas se introdujeron en aquel sitio donde el Grande los esperaba. El salón estaba adornado de hermosas imágenes de la creación y los dioses, estatuas y fuentes, pero sobre todo se podía observar el presidio sobre todo lo demás, y sobre este un trono de Ébano con adornos en plata. Sentado en el trono, un hombre de mediana estatura y cabello cano, sus ojos eran nerviosos y miraban de arriba abajo al recién llegado, sus dedos largos y nudosos se entretejían unos con otros frente a su ya arrugada cara y su protuberantes labios. Sus piernas caían sobre un almohadón de terciopelo, sus pies estaban cubiertos por unas extrañas pantuflas azules mientras el iba vestido por una larga sotana blanca de fino lino y sobre sus hombros una larga estola de oro con hilos de plata y diversas joyas. Pero eso no fue lo que llamo la atención al viajero; junto a el, una dama vestida también de blanco, sus cabellos rojizos caían sobre su espalda de forma alegre y serena, sus ojos profundos lo miraban con intensidad, casi con dolor; pero al mismo tiempo su sonrisa era viva y dulce, el corazón de él ardió con toda su fuerza pues ella estaba nuevamente frente a su faz y toda la fatiga del viaje y la rudeza religiosa había pasado, su cuerpo volvió a ser ágil y finalmente, él también sonrió. Pero esa sonrisa no fue tomada de forma amable por el duro sacerdote, pues aquella mirada era ofensiva hacia su persona ya que lo veía directamente, ¡ni siquiera estaba arrodillado al mirarlo! De forma presuntuosa se dirigió al viajero: – ¿Quién sois vos y que queréis en mis dominios? Sin duda no sois más que un simple aldeano, pues modales no tenéis – El viajero miró sorprendido aquel hombre imponente del que esperaba compasión y calma; pero en ves de eso había un sujeto altanero que le insultaba, ¿como podía este ser el representante de un dios en la tierra?; sin miedo, lo miro directamente a los ojos, y respondió:- Disculpe mi imprudencia su excelencia, pero mi misión es lo suficientemente importante como para no tomar cuidados con el modo, ¿y acaso Baldan; que es un dios, no escuchara aquel que le ruegue con sinceridad a pesar de no seguir las formas establecidas por los hombres?- Las palabras del viajero resonaron por toda la sala y los ojos del sumo sacerdote relampaguearon, ella lo observaba anonadada, pues aquella era la primera ves que oía una voz tan potente y franca, y que además se opusiera con tal sabiduría a su padre…que se pusiera en contra del sacerdote era algo nuevo, pues cada vez que lo visitaban era para alabarlo y glorificarlo, mientras él, con fuerza y verdad había callado a todo el auditorio. El Grande hablo nuevamente: ¿Y tú quien sois? a lo que el respondió: – Soy solo un mensajero que ha cabalgado noche y día desde Ocladum, donde la desolación ha sido abatida por valientes guerreros y la ayuda divina, yo fui uno de los que se encontraban en la línea de choque contra el demonio, y por gracia de Artemis me encuentro en este momento frente a usted. He sido enviado, pues muchos hombres murieron y otros tantos no pueden siquiera ponerse de pie, puesto que el fuego y las garras de aquel poderoso oponente eran armas que llegaban mas allá de nuestra imaginación y que acabaron con las esperanzas de los caídos. A pesar de todo, yo podía aun cabalgar. Se me encomendó traer este mensaje de aquel que detuvo la tormenta viviente, antes de desaparecer en la oscuridad de la noche, nos pidió que viniésemos ante usted a solicitar los sacrificios por la victoria e invocar a aquel que es todo poderoso para que nunca volviese a revivir el peligro; nos ordeno comunicar que usted difundiera la noticia de la victoria e hiciera los ritos de alabanza junto con los Enanos; que juntase a los grandes reyes del mundo y se le preguntasen a los sabios de las razas primigenias, orcos y elfos de ultramar a quien había de agradecer y ofrecer los sacrificios por la victoria, que juntos construyesen una ciudad en la cual se rendiría culto y honores en el valle de Haggen, y será sagrado para todos. Pero los hados son oscuros si no se cumplen dichas órdenes. – su voz tomo un tono siniestro – pues puede llegar otra maldad que sustituya a la ya vencida y destruir los templos e incluso tomar a la gran Romena, pero si los ritos se hacen adecuados y sobre todo, se realizan con sinceridad, el mal no volverá…- Todos miraban asustados al mensajero, pues sus palabras eran al mismo tiempo terribles y llenas de bonanza, fue entonces cuando el gran sacerdote pregunto: ¿Y cómo sabremos que los ritos se han hecho de forma correcta? ¿Acaso habrá señales en el cielo o algún signo en la tierra? ¿Y cómo se que no mientes, cómo compruebas que eres un enviado, y no un embustero?- El enviado se acercó a su bolsa sin decir palabra, tomó un dije y lo mostró a todos: era un diamante engarzado en un aura de plata, siete zafiros le rodeaban, y cinco esmeraldas en forma de rayos nacían de la joya; era la estrella de Romen, el distintivo del Máximo General de Romena, además de eso, tomo una carta, el sello de los siete ríos rodeando la colina y los cinco árboles señalando el camino, marcaban sin duda su procedencia; El Príncipe de Romena. El viajero se acercó al Sumo sacerdote y le dio la carta, este frunció el seño y la leyó apresuradamente. Medito un momento y dijo: – ciertamente todo lo que dices es verdad, y se hará como nuestro señor desea. Podéis regresar a tu ejército ahora que el mensaje ha sido entregado; anda iros ya de aquí y volved a la salvajidad de tu vida.-

Mi señor, ¿acaso no has leído la carta, no puedo volver hasta asegurarme que usted haya hecho lo solicitado

-¿Dudas de mi?

- No señor, pero son ordenes del Príncipe-

- Entonces quédate y ruega que tu boca no arruine todo-

- no se congoje Sumo Sacerdote, no creo que tenga el poder de hacerlo…-

Y con una sonrisa en la cara, pues sabia que estando en el palacio podría verla; el viajero se retiro a dormir, sin siquiera acordarse de despedirse, o incluso tomar alimento.

Ella se mantuvo callada durante la reunión, cada palabra hacia vibrar su ser pues temía la ira de su padre, sin embargo, no sentía miedo, tenia la confianza plena de que él podría con cualquier barrera que el clérigo le impusiera. Su corazón se inflamó de alegría cuando supo que él estaría un tiempo en el palacio; no había que perder tiempo, desde mañana ella seria un pajarito que volando no se separa de su pareja, seria una nube tratando de abrazar al sol, ella lo enamoraría, y esperaba que él no se resistiera. Pensó largo tiempo en su cama, que se pondría, que le diría primero, como se movería, en donde lo vería, como evitaría a los guardias; largo tiempo caviló en su cama, hasta que profundamente se quedo dormida.

La mañana despuntaba temprano, apenas amanecía en Romena cuando ella lo vio, andaba vestido de camisa verde y calzón negro, un chaleco café y cinturón con amarras diversas. Caminaba tranquilamente, cruzando el jardín interior del palacio, y junto a él, un majestuoso animal, su caballo. Se dirigían a la puerta de la finca que conducía a las hortalizas, él cantaba una melodía extraña pero al mismo tiempo dulce y firme, y su amigo respondía con largos y contentos relinchos y gruñidos, parecía que entendía perfectamente la canción y la seguía con su propio estilo. Sin duda alguna jinete y corcel eran como hermanos, íntimamente ligados el uno al otro. De repente, el caballo volteo hacia ella y la vio, un nuevo gruñido y varios movimientos de cabeza y cola hicieron voltear al viajero, que clavó sus ojos en los de ella… él, sonrió tímidamente y mientras alzaba la mano para saludarla, el caballo se acercó retozando alegremente e inesperadamente lamió la cara de la dama, acaricio con el hocico a la desconcertada joven y relinchó con tono fuerte y alegre. Rápidamente él se acerco, tomo al caballo por el cuello y acaricio sus crines, el animal no llevaba amarras ni silla, su pelo era lustroso y fuerte, sin duda recibía un gran cuidado y cariño. Ella, se sonrojó al verlo tan cerca, trató de ocultarlo con una sonrisa que solo resaltaba más esa belleza virginal, él, tímidamente le hablo:

- disculpa a mi amigo, pero cuando ve a una dama como usted se sobresalta y actúa de forma extraña…-

¡que gracioso es!, es en verdad un bello animal, aunque no entendí a que te refieres con lo de una dama como yo él se puso rojo, sentía una enorme presión en el pecho, sus brazos se debilitaban y pensó que desfallecería; tomó fuerzas de no se sabe donde, y lentamente le respondió:

- perdona mi ambigüedad, yo decía que cuando ve una joven tan hermosa que es capaz de opacar a la luna y a las estrellas con su sonrisa, una mujer que con su simple presencia calma la ira del mar y la apacienta; una dama con la gracia de los cisnes, y voz dulce como la miel…- mientras hablaba, la fuerza volvía nuevamente a el, la seguridad tomaba cada palabra de sus labios; ella se sonrojaba cada ves más, se creía envuelta en un sueño, cada palabra era para ella como un viento que aviva su fuego interno, ardía de amor, y deseaba lanzarse a sus brazos, solo su voluntad la contenía, por temor al que dirían, por miedo a que alguien los viera y los acusaran con su padre; sus ojos no abandonaban los de él, de las miradas había nacido la atracción, de las palabras cobraba el amor su victoria. – … al caminar los girasoles olvidan que el sol existe y voltean a admirar tu candor, eres rocío para las almas sedientas, fulgor de fuego que consume corazones, eres, eres… OH, perdóname, no creí que…- los ojos de ella se habían llenado de lágrimas, lagrimas dulces y transparentes rodaron hasta el suelo e hicieron brotar bellas flores y siemprevivas. Ella, puso un dedo sobre la boca de él para callarlo y lentamente lo besó. Duró un momento, un ínfimo instante en que el universo se detuvo, para ellos una eternidad que nunca olvidarían, para los demás, solo un segundo intrascendente en la larga cadena de la vida. De repente los separo el caballo, se puso en medio de ellos y los distanció por varios codos a tiempo para impedir que los vieran juntos, pues en ese momento un comité de sacerdotes salía del oratorio rumbo al comedor. – te veo en los olivos cerca de la colina, en dos horas- le dijo a él ocultándose en su cuarto y cerrando la puerta. Él, montó a su caballo y rápidamente salieron a galope hacia las hortalizas, su mundo había cambiado, y la felicidad lo volvía a llenar su corazón, reía, y su caballo reía con él.

Ella llego puntual a la cita, ellos ya la esperaban; caminaron por largo tiempo hablando de todo, de su familia, su vida, su gente, cantaron muchas canciones e incluso bailaron sobre la hierba verde. Ella procuraba regresar antes de la comida y él evitaba que los vieran juntos, pues temían un disgusto de parte del padre. Todos los días se veían en aquel campo, la parte más alejada de la villa; de esa forma se conocieron mutuamente y aquel amor súbito se convirtió en firme acero que nunca jamás se quebraría. Así ella supo que él vivía en la frontera de Romena y Pernea, Su padre era leñador de Pernea, su madre era maestra roménica. Creció como cazador y leñador en Pernea, de su madre aprendía historia y religión, aprendió a leer y a escribir, a hablar ocladiano, roménico y arbigo. Su padre le inculcaba la fe, le enseñaba valores y afianzaba su personalidad, le enseñó el arte del manejo de las armas, sobre todo del arco y la flecha; pues alguna vez su padre había sido un halcón perneano. –Oye, ¿pero que es un halcón perneano?- le pregunto ella cuando contaba de su vida, – los halcones perneanos son la guardia elite del ejercito de Pernea, son arqueros capaces de acertar a una golondrina a cuatrocientos codos de distancia, excelentes guerreros cuerpo a cuerpo, jinetes excepcionales y caballeros honorables.- contestó él con un tono orgulloso que iluminaba sus ojos. Contó también que cuando él tenía veinte años, todo su pueblo ardió en llamas, él lo había perdido todo, sus padres habían muerto y también sus animales, solo un potrillo se alcanzó a salvar pues tanto él como el animal estaban lejos del pueblo. Desde ese momento vivió solo con aquel caballo en la frontera, vivía de la caza y de un pequeño jardín que tenia, se divertía cantando y entrenando al caballo, se volvieron grandes amigos. Un día, los rumores de que Pernea estaba en llamas llegaron a su casa, familias enteras empezaron a arribar a su bosque y junto con ellos los bandidos y oportunistas. Fue en ese momento donde se volvió capitán; primeramente defendió a los recién llegados de las bandas de ladrones y animales salvajes, organizó a los hombres y los condujo sin perdidas a la batalla. Los rumores del fuego en Pernea se volvieron ciertos, una parte del país estaba ardiendo en llamas, los heraldos iban a todos lados buscando refuerzos, y finalmente llegaron a la comunidad de él. Se enlisto con unos pocos hombres, más por la obligación y el honor de la familia que por gusto, entro como infantería. Su primera batalla fue la de laureada pelea Judea, pues ahí los ejércitos perneanos detuvieron el avance del Gran Dragón; en esa cruzada el ganó fama, pues cuando el demonio parecía a punto de quebrar la resistencia armada, él llego cabalgando sobre su corcel, conduciendo un grupo de halcones que había juntado de las dispersadas legiones. La tempestad se preparaba a lanzar su poderoso aliento de fuego cuando él lo encaró, se miraron cara a cara, y cuando el Dragón abrió su boca a punto de quemarlo, disparó entre sus fauces y detuvo la bocanada sobre el cuerpo principal de la armada; en ese instante, los halcones soltaron una lluvia de aras sobre el enemigo, hirieron sus alas y golpearon su cuerpo, garganta y ojos; el Dragón vaciló, una nueva ráfaga de flechas cayeron contra el monstruo, lanzas y rocas volaron y colapsaron a la bestia; ella, herida por el repentino estruendo se retiró del campo de batalla, por vez primera el Gran Dragón había sido herido y obligado a cambiar de rumbo, Pernea sobrevivió al ataque y todo por una afortunada acción. Él Fue ascendido a halcón y se le concedió una compañía de hombres, se preparó para la siguiente batalla. En Ocladum lucho la pelea final junto a los ejércitos ocladianos, enanos y roménicos, sufrió esta vez heridas y quemaduras hechas por la Tempestad, nada de gravedad. Vio cuando el dragón finalmente cayó a tierra y quedo sepultado por el Pilar y la Lanza, cuando ambas eran selladas por el nauglamir, y se encontraba cerca cuando el guerrero desconocido pronuncio el hado. Fue elegido para llevar el mensaje por su conocimiento de geografía e idiomas, recibió la carta, pues durante la batalla había ganado la confianza del príncipe de Romena y la estrella de Romen, para asegurar que fuese recibido. Él también aprendió de la vida de ella, descubrió que era hija del Sumo Sacerdote, y que todo lo contado sobre Baldan era cierto. Su madre estaba imposibilitada para tener hijos, por eso él clérigo oró a Baldan, y Baldan se apareció ante el patriarca, y lo hizo jurar que si le daba un hijo este seria en verdad del dios, consagrado a él y bajo su voluntad. Por eso cuando ella nació había sido marcada con el rayo de Baldan. Ella creció rodeada de lujos y cortesanos, en rituales y sacrificios, aprendió el oficio de sacerdotisa, y era la principal guardiana de los templos de Jun y Atis. Aprendió magia celestial de los arzobispos de Ocladum y Arbergia; Teología de los mejores maestros de la época, pero cuando el Dragón apareció, fue llevada a la villa en la región agrícola del reino, para protegerla de los riesgos. Por orden divina ella fue prometida al rey de Azternia pero no lo conocía ni esperaba amarlo. Ella era infeliz hasta que llegó él. Ambos eran felices… pero ¿Por cuánto tiempo?

Los días en la villa fueron los más felices de sus existencias, pasaron todo el verano paseando por los olivos de la finca, hasta que, un día apareció en la villa un emisario de Azternia. Venia por el mismo camino por el que el viajero había entrado, para el infortunio de la pareja, pues paseaban en ese momento por la colina en la que se vieron por primera vez. Los miro, e indignado ya que reconoció a la joven, marchó a toda prisa rumbo a la villa, se presento ante el Sumo Sacerdote e iracundo se quejó de lo visto. El patriarca estalló en cólera, e inmediatamente mando a su guardia a apresar al mensajero.

Ambos se dirigían ya al palacio, cuando se vieron rodeados por los soldados armados con mazas y látigos. Violentamente tomaron a la hija del sacerdote, y a él lo golpearon con fuerza, pero este no se desmayo. Sangraba pues le habían roto la boca, y sin armas se abalanzó contra ellos; sus brazos golpeaban como rocas y sus piernas quebraban miembros, los hombres apenas podían contener aquella salvaje embestida y sin embargo aun la tenían sujeta y se alejaban rumbo al palacio. Ella gritaba con desesperación por su amado, que era golpeado por siete hombres armados, mientras él, solo y sin armas luchaba con todas sus fuerzas. Finalmente, lo tiraron de un golpe y se le echaron encima, lo maniataron y se lo llevaron inconciente. De los siete hombres, tres tenían algún hueso roto, los demás estaban golpeados y sangrando. Cuando llegaron al palacio ella fue encerrada en su cuarto y vigilada todo el tiempo; él, fue llevado al calabozo y encadenado de manos y pies en una oscura y profunda mazmorra. Se mandó un aviso al general de Pernea y al Príncipe de Romena; protectores del viajero, aclarando que había incurrido en una grave pena y que prontamente seria ejecutado; estas misivas llegaron tarde al los destinatarios, y sufrieron por la perdida de tan valiente guerrero.

Paso una semana desde que el montaraz fue aprendido, su caballo había huido al sentir el peligro, y su amada se encontraba encerrada rumbo a Azternia para desposarse con el Rey. El Sumo Sacerdote había ordenado un juicio en que se le juzgó por sus pecados; fue declarado culpable de herejía por ir contra la voluntad divina y condenado a morir en la horca. Hoy era el día de su ejecución. Podía escuchar a los guardias con sus botas de metal andando por el corredor, venían ya por él; estaba triste y deprimido, salvo por las escasas horas en las que lo salía para ser juzgado, durante la semana permaneció a oscuras por completo, casi no había comido, sufrió golpes y tortura y sobre todo, no sabía el destino de su amada y su caballo. En ese instante la puerta retumbó y los goznes chillaron, dos guardias cargando candiles lo sujetaron, lo desencadenaron a la pared y lo amarraron para llevarlo al matadero. Fuera de la cárcel esperaban otros tres guardias para escoltar al prisionero a su muerte. Lentamente subió las escaleras, cruzó el patio interior y llego a un carruaje, que lo llevaría a la plaza de ejecución. El trayecto fue corto, él casi no podía ver pues no se acostumbraba a la cantidad de luz, por lo que cerro sus ojos todo el camino, además, así podría ver a su amada, aunque solo fuese en sueños. Finalmente llegaron, la plaza tenia forma circular y alcanzaba las doscientas brazas de radio. Una multitud ya se apretujaba cerca de la horca esperando el evento principal, pues las ejecuciones eran su diversión. Lo bajaron violentamente del carruaje, mientras andaba hacia su muerte los observadores le arrojaron basura y escupieron a su cara, fue humillado por ellos, se sentía solo. Fue colocado por los guardias frente a la muchedumbre cuando llegaron al atrio donde esperaba la horca; a su derecha, los sacerdotes y el Patriarca observaban desde gradas colocadas especialmente para ellos la tan esperada ejecución. Se adelanto un escriba que con voz potente ordenó silencio y grito:

- Perneano, ha sido condenado a la pena capital por sus siguientes faltas a la autoridad divina: incumplimiento de los dogmas de Baldan, discutir contra un sacerdote, ofender el honor del Patriarca, Herejía, y negar la validez de los modos y formas de nuestra sagrada orden. Que Baldan tenga piedad de tu alma.-

El montaraz fue colocado sobre la cuerda, todos estaban listos, la ansiedad flotaba en el ambiente, el verdugo estiró la cuerda y… Un gran caballo montado por una dama de belleza incalculable apareció de repente, él, ya colgaba de la horca pero misteriosamente una flecha voló de no se sabe donde a cortar el yugo opresor del guerrero. Los guardias que rodeaban al prisionero fueron cayendo también por las misteriosas saetas. Ella, cargo al desmayado viajero y junto a su fiel caballo huyeron de la plaza; las flechas cubrieron su salida; pero, antes de que pudiesen partir ella oyó la voz terrible de su padre que decía – Maldito seas Perneano, por el momento has ganado; pero Baldan, el que todo lo ve, te maldice, y no pasaras de este invierno sin que vayas a darle cuentas a Hagrin y su sequito inmundo- y su voz se perdió en el horizonte. Finalmente se alejaron de la villa y huyeron juntos al antiguo hogar del perneano, en la frontera de Romena y Pernea, y se instalaron ahí. Vivieron felices por todo el otoño, el pescaba y cazaba, recolectaba frutos y cortaba madera, ella era feliz con las labores del hogar y paseando en el caballo por los pueblos de compras, pero sin duda eran mejores los momentos que estaban juntos. El invierno llego finalmente, y él cayo de repente enfermo, tenia fiebre y temblores, se le dificultaba respirar y su cuerpo lentamente se enfriaba; era la maldición de Baldan. Ella pasaba todo el día a su lado, mientras que sus vecinos le llevaban de comer y madera para soportar el frío. A nadie le gustaba ver sufrir a esa pareja tan bella. Vinieron los doctores, los alquimistas y los clérigos, nadie pudo curar al joven perneano; todos lo daban por muerto. Las lagrimas de ella caían destruyendo al suelo, oraba a todos los dioses, pero ninguno les respondía, todos estaban con Baldan. Pero ella no desespero, y seguía orando hasta que una mañana fría dos extrañas personas aparecieron en su casa. Uno era un anciano de tez negra, parecía orco, sus ojos eran rojos como la sangre y miraba atento a la pareja. La otra era una niña, probablemente elfa, de ojos azules y piel clara, miraba con ternura y compasión a la pareja. Sobresaltada despertó ella, y los vio, estaba desconcertada, pues no entendía como habían entrado a la casa que estaba cerrada. Antes de ella que pudiera hablar, la niña le dirigió la palabra: No temas por tu vida hija de hombre, pues no te haré daño, he venido porque escuchamos tu plegaria y el anciano prosiguió: – Pues nadie más se ha atrevido a desafiar a Baldan, solo yo-. Ella los vio con firmeza, y rápidamente inclino los ojos, pues sabía que estaba ante los dioses. Tratando de ser ceremonial y que su miedo no le ganara dijo: – ¡Oh dioses benditos, dichosa mi casa que los recibe a ustedes, gracias por escuchar mi plegaria, ojala y puedan sanar a mi esposo que se encuentra enfermo por un hado maldito de un dios vengativo!- a lo que ellos al unísono respondieron: – ¿Si puedo? ¡Claro que puedo!, pero no me llaméis dioses, porque frente a ti solo hay un dios,- y el anciano dijo – Inclinaos mujer y dejad de llorar, porque estas ante el creador- y la niña dijo – Ante el creador de todo lo visible y lo invisible, creador del cielo y la tierra, creador de los hombres- y el anciano pronuncio – y de los que tu llamas dioses, pues Baldan y los demás son frutos de mi poder- y la niña dijo – ellos tuvieron inicio en mi y su final esta conmigo- y el anciano dijo- yo soy principio y fin, soy tiempo, poder y gloria eternas,- la niña con voz dulce pero potente dijo – Yo soy Eru Quetzani, el que da la vida- y el anciano con voz de trueno hablo: – Yo soy Eru Tezcani, el que dispersa la muerte- y al mismo tiempo hablaron – Yo soy Ilvaltar, el Único, el que todo lo ve, solo Yo ofrezco la vida, solo yo tengo el verdadero amor pues de mi aliento nacieron todas las criaturas de este mundo, mi poder es infinito, Baldan y los demás son solo parte de mi plan, instrumentos para la mi gloria, aunque ellos me rechacen. He venido a santificar su amor, a recompensar sus sufrimientos y pagar los daños sufridos, no llores por la muerte de tu amado, pues yo los recompensare con la vida eterna, subiré sus cuerpos hasta las estrellas y por siempre brillaran ahí como muestra del amor que les doy. Ahora, duerme tranquilamente, y no llores más, porque estarán juntos para la eternidad…

Al día siguiente los vecinos encontraron tanto al joven como a su esposa muertos, sus cuerpos desaparecieron ante los ojos atónitos, pero esa noche, todos pudieron ver a un caballo retozando en una colina, porque en el cielo, cerca del camino divino, vieron que las estrellas ahora formaban la imagen de una pareja de amantes, y supieron y divulgaron por todo el mundo que esa nueva constelación eran los el arquero y la sacerdotisa, y que juntos habían vencido la adversidad y dejado atrás el terror de Baldan, estaban para siempre en los brazos del otro.

La Leyenda de los Amantes

Las Cronicas de Efestos Cuethendil