La Guerra de los 10 Años

p<>. h4. La vision de un soldado ocladiano sobre la guerra de los 10 años; Despues de la muerte del joven principe y la subsecuente invasión de Satlada a territorio Ocladiano, El imperio forzó su gran maquinaria militar y consiguió a base de la fuerza y valor de sus tercios ( a un alto costo para sus provincias y la clase trabajadora del Imperio) expulsar al enemigo invasor y organizar un contraataque contra el territorio satladiense. Dicho relato se desarrolla en el 7mo año de guerra, 5 despues de que el primer barco ocladiano desenbarcara en el puerto de Umdar y comenzara su lento y metodico avance hacia la capital, Bard-Garthdun

bq.

p<. Sin Sentido

-¡Bienvenido Alaverkar!, ¿ya acabaste tu guardia?

- ¡Claro Oluzk!, ahora hazte a un lado que la noche es fría y quiero acercarme a la fogata.

- Ja, bien hermano, mira, toma una de esas jarras de cerveza que esta ahí y únetenos, hoy nos emborracharemos hasta el amanecer, pues es el cumpleaños de Atock… ¡Salud!

- ¡Salud hermano!, pero ahora brindemos para que se acabe pronto este maldito sitio de mierda que nos tiene lejos de nuestras casas; todo por la gloria de Ocladum, ¡Viva Ocladum!

- ¡VIVA!; y por cierto, ¿alguien sabe porque demonios estamos sitiando esta ciudad?, por cierto tu no Atock, que ya estas muy borracho…

- JAJAJAJAJA, tiene razón mi buen Olusk, Atock apenas y te puedes sostener deberías dejar de tomar por un rato; en cuanto a lo de tu pregunta, yo solo soy un soldado, alguien que no tiene ni voz ni voto diferente a la de nuestro gran General Allodan de Virk Berán, solo soy el brazo ejecutor de nuestro glorioso reino, servidor febril de nuestra querida reina Minea, señora de los Cisnes. ¡Salve Minea, protectora de la libertad!

- ¡Que Elros la guarde de todo mal!

- Son muy bonitos esos victoreos, pero aun nadie contesta mi pregunta; ¿acaso nadie sabe porque estamos aquí?

El silencio inundó a todos los hombres alrededor de la fogata, todos, medio ebrios, medio muertos por el alcohol en su sangre y por el cansancio del día dudaban en su mente sobre los motivos del porque estaban aquí, pues, durante toda su vida, tan solo habían sido campesinos y pastores que crecieron bajo el terrible rumor del odio de Satlada, bajo la oscura sombra de la guerra temible. Hace cinco años, cuando fueron reclutados, los llenaba el deseo de ser los héroes que llevaran a Ocladum al triunfo ante los terribles monstruos y vicios de Satlada, el deseo de convertirse en los paladines benditos que blandiendo la luz de Eloin como espada, dispersaren la oscuridad de tan temible país; esperaban ser los hombres que salieron como campesinos y que regresan como príncipes, cargados del botín de guerra. Mas ahora, los papeles se invertían, ya no eran mas aquellos hombres que temían ante el simple murmullo de batalla ante las puertas de sus hogares; eran todos soldados, guerreros dispuestos a matar por su reino, por su tierra, por su libertad; sobre todo, por la libertad. La guerra los había cambiado, ya no luchaban por sus ideales, al igual que la niebla se desvanecía ante el soplo del gélido viento mortuorio que llenaba los oscuros pantanos y ciénegas de Satlada, su vida se había transformado, su lucha se había reducido a sobrevivir un día mas para recibir su ración de sopa fría y de cerveza caliente; solo vivían para morir, y la muerte no era el menor de sus deseos; vivían, para ser dispersados como niebla.

Estamos aquí por error contestó en el fondo un veterano de varios años; era aun joven, no pasaba de los 30, mas en su rostro se notaba la fatiga de las continuas batallas y los interminables asedios, sus enormes ojos brillantes ante la luz del fuego, le daban un aire tétrico, casi fantasmal; ante su rostro, suficientemente iluminado para notar sus facciones casi cadavéricas, se movían viciosamente sus dedos, como si fueran repugnantes gusanos retorciéndose en el fangoso suelo del campamento; tras él, los árboles deformados de aquel reino maldito se extendían ante los expectantes hombres como garras de buitres dispuestas a atraparlos, mientras que una espada mellada yacía a los pies de aquel tétrico hombre que jamás habían visto y cuya mirada parecía perdida entre los múltiples sujetos que ahí se encontraban.

¿Por qué dices eso viejo? preguntó en un tono Oluzk, que, a pesar de ser un hombre enorme de casi 2 metros de alto y ser tan fuerte como un oso; no podía ocultar su miedo ante el misterioso hombre que finalmente había dado respuesta a su pregunta. Sus temerosos ojos se clavaron en aquella cara pálida como la arena del desierto de Sengir; signo de que llevaba años en las oscuras tierras Satladienses, pues nunca el sol de los otros reinos llega a tocar las costas de aquel maldito sitio que para muchos era peor que las viejas mansiones de Shaal, de las cuales se habla en las viejas canciones venidas de los años oscuros, cuando el mundo aun era joven. Oluzk analizó palmo a palmo al veterano; miró lo desgastado de sus ropas, lo frágil que parecía su menudo cuerpo, sus callosos nudillos que parecían un tronco del cual salían los gusanos ya saciados de su alimento diario, vio aquellos dientes putrefactos que aun colgaban de las encías del hombre; cuando este, contento, o al menos eso parecía; de recibir contestación, le respondió con una extraña mueca que se asemejaba a la de una sonrisa. Oluzk quedó desconcertado, no solo por la mueca, sino por el extraño gorgoteo que salía de aquella garganta, tan cercana al grazno de los cuervos que heló el corazón de todos los que alcanzaron a escucharla, tanto que Oluzk no puedo mantenerse firme por mas tiempo y se fue para detrás del tronco en el que él y Alaverkar se encontraban sentados. Su caída sacó del trance a toda la compañía que se encontraba ahí reunida al explotar en sonoras carcajadas venidas desde lo mas profundo de sus almas, finalmente liberadas del sortilegio impuesto por aquel viejo militar y el inoportuno de Oluzk. Después de esto, los hombres se portaron poco dispuestos a volverlo a escuchar; solo deseaban olvidar por un momento el sitio en el que se encontraban y soñar, aunque fuese solo por unos instantes, en aquellos seres a los que habían dejado en sus tierras, a sus padres, hermanos e hijos, a sus mujeres, a sus madres; consolarse en su recuerdo y pensar que realmente estaban luchando por ellos, por un futuro mejor, por conservar su libertad, su derecho a ser libres, por el divino don a ser felices. Pero Oluzk no podía callar las voces que circundaban su cabeza, ¿por qué sigo aquí, luchando por algo que no voy a obtener, por una causa que me vendieron, cuyo origen no fue propio, sino un injerto de otros, una creación de alguien a quien le convenía que yo estuviera peleando, por nada, pues solo la muerte me espera en este tétrico lugar cuyos senderos están rodeados de locura y oscuridad?. Oluzk se levantó de su sitio, tomó su hacha de envergadura enana y salió caminando hacia los oscuros árboles que rodeaban el campamento, pero antes de salir del circulo de la compañía, una delgada mano lo tomó de su pierna; era aquel hombre otra ves.

¿a dónde vas grandullón? pregunto con una frialdad de muerte.

-Voy rumbo a la entrada del campamento, ¿gustas acompañarme?

-¿y abandonar la fiesta cuando apenas empieza?

-Como quieras anciano, no me extraña que no quieras abandonar a estos borrachos, parece que no has tenido a una mujer en mucho tiempo…

-Je, je, parece que ya me descubriste, será mejor que te acompañe, no vaya a ser que quieras delatarme a ese paladín que tenemos como general…

-Da lo mismo, no creo que puedas seguirme el paso, viejo

-Eso es lo que tu piensas. Y el viejo militar, con una gran agilidad, impropia para su malgastado cuerpo se puso de pie y siguió al gran Oluzk. Después de un rato de caminar entre las tiendas azules y doradas del ejercito ocladiano, Oluzk se detuvo, y girando frente al viejo le pregunto: -¿a que te referías con que estamos aquí por error?

-La muerte, hijo mío, es un don dado a los hombres para que estos puedan descansar de las largas fatigas del mundo, para que santifiquen su alma y glorifiquen su vida al dios que mas le convenga, pero una muerte en una batalla sin sentido, solo puede provocar agonía y dolor en las almas de los guerreros que en ellas participan.

-¿a que te refieres viejo? Yo no lucho una guerra sin sentido; ¿Acaso no comprendes el porque peleo tan lejos de mi tierra, tan distante de mi familia, y tan cercano a la muerte? yo soy parte de la infantería Ocladiana, y peleo para mantener la libertad en nuestro reino, para que nuestra gente pueda vivir sin tener que sentir el yugo opresor de un reino maléfico; yo ofrezco cada día mi vida por la verdad, por la justicia, me entregó para que mi pueblo pueda vivir un mañana lleno de esperanza y paz, un futuro donde nadie tenga que ser esclavo, ni someterse a los mandatos de alguien mas, un porvenir sin Satlada, prueba viviente de la existencia del mal, hogar de Shaal y de esa bruja a la que los Satladienses llaman Mesías; no viejo, mi lucha no es en vano, finalmente se porque peleo, peleo por mi pueblo, por un mundo mejor.

-¡Bravo!, deberías ser ascendido a jefe de división mi querido Oluzk, tienes dones de líder, además de que te tragas todas las mentiras que te dicen tus superiores; ¿ Hace cuanto tiempo que dejaste Ocladum?

-cinco años

- ¿ y ya olvidaste tu tierra tan pronto?

-...no, no creo

-¿ y me dirás que no te acuerdas de todo lo que hay en Ocladum; señores feudales que explotan a tu gente haciéndola trabajar de sol a sol por unos raquíticos centavos, clérigos obesos y avariciosos que exprimen al pueblo cada centavo que ganaron trabajando su tierra para los señores feudales, y que, en ves de dar compasión que promueve su religión los llenan de normas y reglas, de tribunales que los queman por herejes y malditos, solo por buscar una forma de pagar los tributos que todo el mundo le exige y que nada les da?, Acaso olvidaste los mercados en donde niños y mujeres son vendidos como esclavos y prostitutas?, ¿donde esta permitido matar a un hombre por no pagar a tiempo su deuda? ¿dónde la muerte se cobra con la muerte?, ¿ Acaso olvidaste tus orígenes Oluzk de Haggen? Acaso olvidaste que mientras la reina y su corte vive en medio de lujos innumerables y mantienen una guerra estúpida contra un reino cuyo crimen es ser diferente a lo que todos conocemos como correcto, mientras tu pueblo vive en la miseria mendigando las migajas que dejan caer esas perras que se hacen llamar princesas y esos cerdos que se dicen caballeros? Acéptalo, tu mismo lo crees así, esta guerra es estúpida, tu lucha innecesaria y sin sentido. Si realmente querías luchar por la libertad, la verdad y la justicia, no tenias que cruzar un mar hasta Satlada, solo debías quedarte en tu tierra, y pelear contra los verdaderos enemigos, aquellos a los que llamas tus superiores.

-pero…pero… ¡eso no es cierto!, ¿no es cierto?... ¡mi reina nunca nos mandaría a una guerra sin sentido, ella es dulce, y bondadosa, ella es la envida de Elros para guiarnos a la victoria… ella es… ella es…

Los gritos de los guardas alertaron a los hombres muy tarde, la caballería Satladiense guiada por uno de los Doce Dark Light acababa de tomar el flanco oriente del campamento ocladiano; en ese mismo momento, las puertas de la sitiada ciudad de Gorgoroth se abrían de par en par para dejar salir a un fuerte contingente de infantería que se dirigía rumbo al campamento, los caballeros satladienses terminaron rápido con los gritos de agonía de los guerreros, blandiendo enormes espadas bastardas, o traspasándolos con su lanzas de guerra. La muerte tomó por sorpresa al campamento ocladiano mientras que uno, el mas alto de todos los caballeros, el mas terrible y mortífero de la compañía, cuyo cuerpo y rostro estaba envuelto en una negra capa de oscuridad decapitaba con su enorme espada a Oluzk, mientras la mente de este dudaba, de si en verdad valía la pena blandir el hacha contra el enemigo y resistir al llamado de la muerte…

La Guerra de los 10 Años

Las Cronicas de Efestos Cuethendil