El derrumbe de la Orden de Sephiroth

h4<>. 5 años despues del termino de la guerra de los 10 años; los Reinos de Ocladum, Pernea y Romenna asediaron y destruyeron el Gran Santuario de La orden de Sephirtoth. Venganza politica, economica y “religiosa” generaron la muerte y destrucción de toda una orden. ESta es la vision de ese suceso desde los ojos del Gran Maestre del Arbol; Sir Angel

Capitulo 1: Desnudos en la Noche.

Caía ya la tarde en la gran ciudad de Rommena, el sol apenas iluminaba aquellas altas casas y edificios tan bellamente labrados; los faroles eran encendidos por los guardias mientras la gente seguía paseando por la hermosa arquitectura de la ciudad más grande y poderosa del mundo. Rommena no era como Melat; ciudad amurallada y llena de torres y fabricas, practica en todo sentido pero carente de vida y sabor de las grandes metrópolis. Tampoco era como Ossiriath, pues a pesar de que el reino ocladiano era poderoso, su ciudad capital no dejaba de ser rural y arcaica, una tumba que se negaba a ser abandonada al paso del tiempo. Rommena era antigua, incluso más que Ossiriath, sin embargo la mano de los ingenieros y la inversión del reino nunca la abandonaban. Todas las noches, cientos de vigías cuidaban el orden en la capital, eran también los encargados de encender los faroles de las grandes avenidas y calles, para que la gran ciudad no sufriera el peligro de la oscuridad.

Era común ver gente de noche paseando por los jardines y fuentes, visitando los templos o los bares y restaurantes; y como Rommena era una gran ciudad comercial, centro de culto e intermediario entre los reinos; no era raro ver hombres importantes, caballeros de armadura, clérigos ataviados con hermosas túnicas, diplomáticos de todo tipo, bellas mujeres de vestidos tan largos como la espuma del mar… y hombres encapuchados por completo; pues Rommena estaba llena de gente que no deseaba ser descubierta, pero gracias a la gran vigilancia del gobierno, no se les temía, pues siempre eran observados por guardias que llenaban toda la ciudad.

Aquella tarde, uno de esos hombres anónimos se encontraba sentado en la plaza del barrio de los artesanos; iba cubierto de una gruesa capucha negra que le cubría todo el cuerpo, llevaba una mascara de plata que cubría sus facciones, era alto, más alto que el promedio en Rommena; se encontraba sentado y esperaba. En ese momento la plaza estaba llena de niños y familias, pero lentamente todos se dirigieron a la plaza central, pues había un desfile y grandes festejos en honor a Baldan, el gran dios del mundo. Finalmente, la plaza quedo sola, excepto por aquella persona encapuchada. Lentamente se paró de la banca en que estaba sentada, miró a todas las direcciones y se dirigió hacia el oeste, alejándose del centro de la ciudad. Tomó la calle de los herreros, y después de caminar un rato siguió hasta tomar la calle de los albañiles. Atravesó vías y casas, siempre mirando hacia atrás y ocultándose de los vigías entre las sombras. Giró nuevamente en una esquina sobre la calle de los canasteros; observó con detenimiento a ambos lados buscando a los guardias del cuadro y al no verlos sacó su brazo y lo movió como un destello frente a su rostro. En ese instante, todas las luces de la calle se apagaron, y corrió como una sombra invisible hasta una casa con un bello jardín y una fachada antigua. Ágilmente saltó la barda, rodeó la casa y tocó por la puerta de servicio; de inmediato, la puerta se abrió y el sujeto entró sigilosamente a la casa. Caminaron lentamente la sombra y alguien más por un largo pasillo totalmente oscuro y rodeado de puertas. Finalmente llegaron a una sala finamente amueblada y sin ninguna iluminación, los dos seres caminaron hacia unas escaleras de hermosos acabados. Subieron rápidamente hasta el segundo piso, y sin hacer el más mínimo ruido penetraron juntos a la última habitación de la casa. Cerraron rápidamente la puerta con seguro, y la figura que guiaba se acercó a una lámpara y la encendió; inmediatamente el cuarto se iluminó por completo con la radiante luz de aquella maravillosa lámpara; la sombra, ya alumbrada por la luz, seguía parada frente a la puerta, parecía observar a la persona que la había llevado hasta la habitación. Ella arregló su largo y rizado cabello negro con su fina mano de canela; sus ojos verdes apasionados se clavaron en la sombra, sus labios carmesí dulcemente se abrieron y con una voz melodiosa, casi divina, se dirigió al sujeto: ya puedes tranquilizarte, nadie te vio entrar a la casa, ponte cómodo… no tardo y sin esperar respuesta volvió a pasar su dulce mano por su cabello, giró su esbelta figura enfundada en aquel vestido que; como si fuese una nube ocultando la belleza del sol, solo hacia imaginar una silueta firme y sublime tras ese velo de pudor. El sujeto se quito la capucha, su cabello cayó haciendo bucles sobre sus hombros mientras quitaba el broche que mantenía la capa en su lugar. Bajo aquella oscura sombra, una blanca armadura era escondida, una espada corta colgaba de su cinturón y mostraba la enorme fortaleza de aquel hombre. El caballero tomó de su rostro la mascara y la colocó sobre una mesa cercana a él. Su semblante por fin iluminado por la luz de la lámpara; era afilado y de tez clara, sus ojos negros eran profundos y la barba corta y bien cuidada. Se acercó a la cómoda y mirándose frente al espejo empezó a remover con cuidado su reluciente armadura colocándola en el piso. Terminó pronto, quedándose con su ropa, un extraño vestuario que le cubría todo el cuerpo, como si fuese una segunda piel que le cuidaba del cuero y el acero de su armadura y le permitía una gran gama de movimiento. Él se observaba en el espejo, luciendo sus brazos y tomando diferentes poses admirando su potente cuerpo; de repente unas delicadas manos de bronce acariciaron la espalda del caballero y subiendo con mucha confianza lo rodearon por el cuello; él, sintió como si un fuego que ardía en su interior subiese hasta su cabeza; deseó que esas dulces manos alrededor de su pecho acariciaran cada centímetro de su piel. Tomó aquellas manos delicadas entre las suyas, con dulzura las besó con pasión y dándole la espalda al espejo, volteó a ver a la dama que lo había recibido en su hogar, la tomó por el tallo mientras ella lo volvía a rodear con sus brazos; finalmente sus labios se encontraron en un apasionado beso largamente deseado. Las manos de él comenzaron a acariciar el esbelto cuerpo de ella, y lo encontró calido y terso sobre aquel nubloso vestido azul; ella buscó el cuello del guerrero con sus carnosos labios, comenzó a pasar sus manos por aquel atlético torso, acariciando cada músculo, cada centímetro de su fogoso cuerpo; él, tomó con su mano la cara dulce de la dama, la levantó y mirándose a los ojos, volvió a besarla con pasión y deseo, mientras las caricias de ella seguían los finos surcos del cuerpo de él. El caballero subió sus manos hasta los hombros de ella acariciando con ternura su espalda; de repente, tomó el vestido que vaporosamente cubría su cuerpo, y con un solo tirón, arrancó con fuerza la ropa de ella quien súbitamente quedó desnuda ante los ojos deseosos de él. Miró aquella piel tersa y bronceada, suave como algodón, delicada como el pétalo de una rosa; bajó su mirada y admiró aquellos senos firmes y voluptuosos llenos de vida; ella, inocentemente se cubrió con sus manos, y un rubor inundó aquella cara de niña, y sin embargo, sus ojos estaban llenos de lujuria. Él, con calma retiró aquel vestuario negro de su cuerpo; ella, maravillada observó como su piel clara aparecía frente sus ojos, miraba con deleite aquella figura que cualquier dios envidiaría; sentía un ardor cada ves mayor en su cuerpo, un sudor frío que la rodeaba y que le impedía mirar a cualquier otro lado que no fuera el hombre desnudo frente a ella. De repente, sin entender que sentimiento la impulsaba, se lanzó a los brazos de él, besándolo apasionadamente, rozando su cuerpo contra el de él, acariciando sus brazos, sus piernas, tocando su cara; besó lentamente todo su cuerpo, de cabeza a pies; él, desconcertado dejó que ella lo amara, hasta que, reaccionando de aquel sopor al que lo había llevado las caricias y el amor de ella; la tomó en sus brazos; sintió sus senos firmes junto a su pecho y el calor mutuo entre sus piernas; la levantó con suavidad, y llevándola a la cama de la habitación, la recostó con delicadeza. Él se acostó junto a ella, y con sus suaves labios acarició la tierna piel de ella. Besó sus muslos con ávido deseo, tomo entre sus manos aquellos firmes senos y los amó con delicadeza. Pasó sus manos por sus piernas, acariciando con ternura aquel amor, tocó con cadencia cada parte que ella le indicaba y con ternura se unieron en un beso interminable., la cara de ella se tornó como rubí, nuevamente un sudor frío corría por su piel, y tomando al caballero del cuello, lo besó con una fuerza increíble, mientras su cuerpo se estremecía hasta el limite con aquellas caricias y dulces roses. Ella se rindió ante aquella conmoción y abrazando al caballero murmuro palabras de ternura a su oído. Él, se acercó a ella, y con suavidad se colocó frente su cuerpo, se acercó a su dulce flor con cautela y calma, mientras que con sus manos mimaba a la dulce dama y sus labios pronunciaban suaves palabras de amor. De repente, un estruendoso golpe conmocionó a la pareja; el trueno de pesadas botas subiendo las escaleras derrumbó aquella íntima atmósfera; él inmediatamente se puso de pie, súbitamente la puerta del cuarto voló hecha astillas, varios soldados vestidos de cota de malla y lanza entraron con fiereza a la habitación; el caballero los detuvo, en su mano llevaba su espada corta, e interponía su cuerpo entre los soldados y la desnudez de su dama. Lo miraron con temor, pues el era Ángel de Chariot, Maestre de la Espada de la orden de Sephiroth, gran guerrero y poderoso mago; era mejor conocido como el Verso de Eru, pues era un poeta grandioso y con sus palabras había convertido a muchos al Sephiroth. Sin embargo, sus cantos de poder eran temibles, capaces de conmover el mismo cielo y la tierra con sus notas. De pronto, una sombra se adelantó a los soldados, iba vestido de negro, y estaba completamente encapuchado, al mirarlo, Lord Ángel sintió perturbación, pues sentía un espíritu poderoso, además, llevaba la insignia de Balder como broche. Aquel sujeto se puso al frente de los hombres de armas y sacando un pergamino habló con tenebrosa voz: – Maestre de la orden de Sephiroth Ángel de Chariot, se le acusa de llevar una vida pecaminosa para un sacerdote, de negar la existencia de los dioses, de atentar contra la seguridad del reino de Rommena y corromper a menores con extrañas ideas y rituales; además de eso creo que será conveniente agregar, el haber provocado que una doncella ofrecida al servicio del templo se convirtiese en impura. Por tal motivo, usted será consignado ante las autoridades del reino para ser juzgado por los altos clérigos y se le será expropiada cualquier propiedad con la que usted y su orden cuenten en estas tierras. Usted señorita, por faltar a su juramento, será condenada a muerte por decapitación en el altar mayor de Balder. Señores, llévenselos- Los soldados saltaron hacia el frente con gran agilidad, pero Lord Ángel seguía entre ellos y la dama. Velozmente movió su mano frente a él, y de súbito los guerreros cayeron aturdidos al suelo. El Maestre tomo a la damisela entre sus brazos, la cubrió con una sabana de la cama, tomó sus pantalones entre sus manos y corrió hacia la puerta, pero se detuvo, el hombre de la capucha negra se encontraba frente a él, mientras que por la escalera precipitadamente subían más hombres a asistir a los caídos. El caballero se preocupó, pues el hombre de negro estaba en trance, decidió correr hacia la ventana, y saltar hacia la calle. Susurro algo al oído de la dama, y ella acurrucándose en los brazos de su amado, cerró los ojos, mientras el atravesaba la ventana y saltaba desde el segundo piso hacia el vacío. Entonces un estruendo más terrible que el que voló la puerta del cuarto, se oyó en la casa, un destello carmesí brotó por la ventana, mientras los enamorados caían a la calle. Lord Ángel, cayó sobre su espalda, y giró con prisa sobre su enorme cuerpo para evitar lastimarse con el impacto. Apresuradamente se levantó, y habló con calma a su dama:- ¿te encuentras bien Danae?- a lo que ella respondió con un movimiento ascendente de cabeza. El Maestre se levantó, tenia algunas costillas rotas por la caída, pero sus brazos y piernas aun estaban en condiciones para huir. Sin embargo, la esperanza de haber salido vivo de aquella trampa se esfumó rápidamente, pues estaba rodeado de soldados que lentamente cerraban el circulo a su alrededor. Tomó su corta espada con una mano, mientras con la otra sujetaba fuertemente a su amada contra el pecho. Sus piernas temblaban de frío y miedo, pues sentía que no podría fugarse de aquel funesto sitio sin que por su culpa Danae fuese atrapada y juzgada por adultera. Respiró profundamente, escuchó como el corazón de Danae latía estrepitosamente y su respiración era agitada; ella sentía su miedo. Fue entonces cuando Lord Ángel empuñó con fuerza su espada, pues el miedo de ella encendía su alma guerrera; era enorme el amor que concebía por esa joven mujer y no dejaría que las manos profanas de los hombres vulgares la tocaran. Desnudo en medio de guerreros que quizá alguna vez el mismo entrenó, firme, inconmovible como una roca, con las costillas rotas y múltiples heridas por los cristales de la ventana y muy asustado; dejó de temblar, cerró sus ojos negros y se concentró. Los soldados quedaron desconcertados, pues Lord Ángel parecía inmóvil y sin ganas de luchar. Lentamente se acercaron, de repente, se detuvieron en seco. Una tenue melodía brotaba de los labios de Sir Ángel, y lentamente iba subiendo de volumen, finalmente, pudieron escuchar la clara voz del caballero, que entonaba unos versos:

Así como el mar embravecido se levanta,

Y el fuego incontrolable se expande,

Así será mí furia de grande,

Si acaso osáis tan siquiera tocarla

¡Que la tierra fúrica se abra!

¡Y los cielos enardecidos caigan!

Armas, ¡derretíos en sus palmas!

¡Árboles venid a socorrerme!

Asustados, los hombres veían como las lanzas y los escudos del más firme acero escurrían de sus manos como agua, entonces, la noche clara se inundó de nubes y un granizo a modo de flechas empezó a caer sobre aquel escuadrón; la tierra, de un temible rugido se abrió y devoró a muchos de los hombres ahí apostados, y mientras estos prodigios ocurrían, Ángel con desesperada convicción salio corriendo. Los pocos hombres con el temple para perseguirlo se vieron prontamente detenidos, pues los árboles, como si de garras se trataran, los detuvieron por largo tiempo, mientras los amantes desaparecían de en medio de aquella gran conmoción.

Corrió asustado sin saber a donde dirigirse mirando a todos lados, aterrado, esperando que los guardias y los vigías lo localizaran y le arrebatasen a su Danae; siguió corriendo, cuando de repente se dio cuenta de algo… estaba completamente desnudo en medio de la calle. Se detuvo en una esquina, colocó a Danae en e suelo y se puso los pantalones que había cargado junto con su espada. Más calmado, se dio cuenta que se había alejado bastante de la casa de ella, la mañana ya comenzaba a despuntar por el oriente; si no pensaba algo rápido, sin duda alguna serian capturados bajo la luz del sol. Ángel se encontraba en estas cavilaciones, cuando de repente oyó el fuerte relincho de un caballo y el choque de varios cascos que se dirigían a toda prisa hacia ellos. Por un instante Lord Ángel sintió que habían sido atrapados, sin embargo, cuando un gran caballo de negras crines y cobrizo pelaje se acercó sin jinete y a gran velocidad, seguido por otro de menores proporciones y con un joven de cabello corto montado sobre él, el hidalgo dio un largo suspiro. Finalmente, el gran caballo se acercó aminorando el paso; con su hocico, acarició la cara del guerrero, y él, dejando por un momento a su dama y su arma en un lado, se acercó y abrazó al animal como si de un hermano se tratara. Levantó a Danae de las manos, y poniéndola frente al caballo dijo: – El es Fenrir; más valioso para mí que todos mis rangos y riquezas, lo quiero como si fuese un hijo mío-. Ella, extrañada acarició al caballo con delicadeza, y Fenrir relinchó suavemente, Lord Ángel, volvió a hablar, y dijo:- el muchacho que viene llegando es Cid, mi protegido y actual escudero, pronto lo ordenare caballero.- cuando el joven se acercó, Ángel presentó con calma a la dama, – Ella es Danae, hermana del Inquisidor Real y ex doncella del templo de Balder-, y con una mirada dura, calló al joven de cualquier comentario imprudente que pudiese salir del aprendiz. Cid después de los saludos, habló rápidamente: – Maestro, los soldados imperiales han tomado todos los templos de la orden… han capturado a muchos de nosotros, algunos hemos escapado, sin embargo nos persiguen. Temo que aun nos sigan mi señor…-

Calmaos mi fiel discípulo, no es tiempo aún de hablar, tenemos que marcharnos rápido a un lugar seguro, espero que aun tenga amigos en quien confiar… y montando con Danae sobre Fenrir, maestro y alumno salieron cabalgando a toda velocidad. Lord Ángel tomó caminos oscuros y de poca circulación, con rumbo al norte, hacia las ricas fincas afuera de la ciudad. Llegaron a media mañana a una finca pequeña en comparación a sus vecinas, y sin embargo era enorme; de finos arreglos y de dulces aromas, rodeada toda de enormes árboles frutales. Ángel y los demás cruzaron la finca sobre un camino bellamente empedrado, los trabajadores, al ver al caballero lo saludaban con entusiasmo, mientras que Fenrir marchaba con la cabeza en alto y un paso arrogante sobre la vereda. Cuando llegaron a la casa de campo, los tres viajeros fueron recibidos cordialmente, a pesar de las condiciones en que andaban. Los criados condujeron a los visitantes a una sala, mientras llevaban a los caballos a los establos. El recinto estaba ricamente adornado, lleno de tapices y telas exquisitas, los sillones eran suaves y aterciopelados, mientras que un suave aroma primaveral entraba por aquel mirador que daba hacia los campos florales. De repente, un individuo de avanzada edad, vestido de pantalones bombachos y una camisa con chaleco, bajaba lentamente por unas escaleras alfombradas. Unas pantuflas terminadas en un cuerno suave y retorcido ataviaban sus pies, mientras que su cabeza era engalanada por unas ligeras canas que nacían de su cabello cada vez más escaso. Su cara era gentil, de ojeras pronunciadas y de rostro limpio y pulcro; se acercó rápidamente mientras Lord Ángel se levantaba para abrazar a aquel viejo hombre. Afectuoso fue el saludo entre los dos, mientras que hablaban en una lengua extraña para Danae y Cid. Lord Ángel volteó a Danae, y le dijo: Mi amada, os presento a mi entrañable compatriota y amigo, Embajador del reino de Blizant, gran sabio y mi político favorito, Han de Chariot.- El viejo con una apacible sonrisa saludó a la dama, y después de los tradicionales cortesías, ordenó que sus sirvientes llevaran a la dama a un cuarto y le proporcionaran ropa adecuada, y trajeran un vestuario decente a Lord Ángel. Prontamente una dama de mediana edad tomó por las manos a Danae, y guiándola por largos pasillos, subiendo y bajando varias escaleras, la condujo a un hermoso cuarto lleno de vestidos y espejos. La doncella salió rápidamente, para volver con cuatro damas más que cargaban en sus manos tinas con agua y una bañera y, sin dar oportunidad siquiera a Danae de reaccionar, la despojaron de la sabana que aun la cubría, la colocaron en la bañera y empezaron a limpiar su hermoso cuerpo. Danae, desconcertada, se dejó hacer, mientras que las doncellas de mano firme, no daban oportunidad al reclamo. Cuando finalmente Danae quedo limpia del fatigoso viaje, fue puesta frente a un espejo, mientras tanto, las doncellas tomaban ropas del cuarto, perfumaban su piel, y peinaban sus rizos, y finalmente la vistieron con finas telas de Blizant, un vestido largo pero sin pomposos ornamentos inútiles; bellamente tejido el vestido daba la sensación de que cambiaba de blanco a plateado o gris con los movimientos de Danae. Sus pies desnudos fueron finamente tratados y sobre ellos unas sandalias de largos hilos fueron calzadas con gentileza. Nuevamente, la doncella que la había conducido al cuarto, la tomó de la mano, y la condujo de regreso por esos largos pasillos y escaleras, hasta la sala de estar, donde Cid, lord Han y Sir Ángel, ya vestido con una túnica azul que le cubría hasta las rodillas y ceñida por un cinto de plata, unos pantalones parecidos a los de su anfitrión y unas finas sandalias; esperaban en la sala hasta que la dama apareciera. Danae, atrajo la mirada de todos en cuanto entró, su vestido quedaba justo en su bien formado cuerpo realzando las curvas naturales de su que ostentaba gráciles y juveniles. Ella hizo una reverencia y sentándose junto a Ángel miró a Lord Han, quien con una sonrisa le dijo:- Ese vestido te queda muy bien niña, me recuerdas a mi mujer en sus tiempos mozos, cuando vivíamos en las calidas tierras de Blizant, antes de que los bárbaros del sur empezaran esa guerra contra nuestro gran imperio.- Han quedó pensativo por unos momentos, hasta que Danae preguntó con inocencia: ¿y eso fue hace mucho?.

Bastante; joven dama, Sir Ángel siquiera había nacido. Fue en aquellas épocas en que Blizant dominaba todas las tierras del sur que bordeaban al mar interior; junto con Rommena, sus ciudades portuarias eran parte trascendental y punto de control de la gran ruta de las especias; mal llamada así, pues principalmente se traficaba con telas y diversos materiales exóticos, sin embargo la primera caravana que cruzó…

Creo que es suficiente de historias antiguas viejo amigo dijo Sir Ángel interrumpiendo el relato que empezaba a contar el político. – Es momento de guardar nuestros recuerdos para hablar de un asunto que me preocupa mucho. Cid, ¿podrías hacernos el favor de contar lo que sucedió hoy por la mañana en el convento de la hermandad?-

- Si maestro- respondió presuroso Cid.- yo me encontraba en mi claustro meditando; usted sabe que mi habitación esta cerca de la puerta principal, por eso pude oír cuando empezaron a golpear con fuerza el pórtico del monasterio. Me levanté alarmado, pues no eran golpes de puño, sino que se oían que eran producto de algo más grande y pesado. Me vestí y tomé mi espada, dirigiéndome hacia nuestros hermanos que se encontraban de guardia. Estaba cruzando el patio, cuando vi que los guardias estaban haciendo lo posible para resistir la puerta; me gritaron con fuerza y presuroso corrí a tocar la campana de alarma, por eso no nos tomaron totalmente desprevenidos. Sin embargo, no sabíamos que nos estaba atacando pues según parece, no habían hecho ningún anuncio o proclama. De repente, el portón explotó como golpeado por fuego y los guardias salieron volando hacia los cielos, mientras que en el patio ya se encontraban cada ves más de nuestros hermanos. Por la forma en que salió por los aires la puerta supimos que algún alquimista o religioso los acompañaba; pero fue grande nuestra sorpresa, cuando vimos atravesar por la entrada a los soldados con la libera imperial y el blasón de Balder, tras ellos, un inquisidor vestido de negro, con un pergamino nos gritó que nos rindiéramos y que dócilmente nos entregáramos para la justicia, que la propiedad había sido expropiada y que todos enfrentábamos cargos religiosos por pervertidores y sacrílegos. Siendo sincero, nadie de nosotros soltó sus armas, y ellos, no se veían con interés de evitar una contienda, por lo que la lucha comenzó rápidamente. No imaginábamos al inicio que hubieran enviado a todo un batallón contra el convento, pero no debe de avergonzarse de nosotros Gran Maestre de la Espada,- dijo con un tono orgulloso mientras sus ojos brillaban al ver que su maestro le sonreía y sus ojos reflejaban satisfacción.Peleamos como se nos ha enseñado, los caballeros de mayor rango nos guiaron con su coraje en la contienda, sin embargo, muchos de los nuestros cayeron por el gran numero de soldados que nos atacaron. Lamento decir que sus cuerpos fueron incinerados, junto con sus ornamentos de guerra por los escasos magos que se encontraban en el convento pues tiempo no había para enterrarlos dignamente. Afortunadamente, los soldados invasores no habían llegado a los establos, por lo que decidimos partir del convento rumbo al santuario, pero cuando Fenrir pudo salir de la caballeriza, salió corriendo como rayo; yo lo seguí, pues temía que se dirigiera hacia usted y que se encontrara en problemas. La mayoría de los caballeros salieron hacia Lis, Nalpis y Vilian, donde aun quedan algunos templos y monasterios de nuestra hermandad; esperando que aun no hayan sido atacados para poder prevenirlos. De Nalpis y Vilian lo más probable es que se embarquen rumbo al santuario, mientras que de Lis creo que tomaran el camino Agustino hasta la Ruta del Oriente, y viajaran disfrazados de mercaderes para poder pasar las fronteras de Rommena. Llegando a Ocladum, no creo que tengan problema en transitar libremente y entrar al Santuario no debe ser complicado.

Me temo que eso no va ser tan fácil como lo bosquejas mi joven guerrero Lord Han habló con un tono amargo y triste, – Siento una gran tristeza al contarles lo siguiente, pero no creo que tus hermanos puedan entrar al Santuario sin tener que pelear duramente; pues en la mañana la Legión Imperial de Rommena y el Sacro Ejercito Real de Ocladum, pusieron bajo sitio su muy amado Santuario, la Flota transmarina Real y los Corsarios de Ática comenzaron el bloqueo por mar desde la noche; lamento decirles que no solo en Rommena fueron expropiadas sus propiedades, sino que en Ocladum y en la mayoría de los reinos la misma violencia se presentó contra su orden. Algunos reinos como Satlada, Blizant y Aztec no aceptaron tomar parte de la terrible masacre, Pernea y Zeal permitirán la libre salida de los caballeros, pero no puedo decir lo mismo de otros reinos, en los que deben ser encarcelados y conducidos ha Rommena para ser juzgados por los sacerdotes de Balder. La orden no resistirá mucho, sobre todo si el Santuario en Ocladum cae, y esto parece ser lo más probable, pues escasos son los hombres que la guardan, o ¿es falso eso mi querido Lord Ángel?-

De cierta forma es verdad lo que dice usted, mi muy estimado señor, sin embargo, algo sabíamos sobre un intento de sitio al santuario, pero no teníamos conocimiento de que fuese tan grande el operativo que llegara incluso a todo el mundo. La mayor parte de la fuerza de la orden, va en camino al Santuario, si no es que en este momento esta llegando. Pues yo mismo ordené ese repliegue de fuerzas. Lamentablemente, no habíamos previsto un ataque de tal magnitud, y mucho menos esperábamos que fuese en tiempo del Balderana, las fiestas de Balder. Pero estoy preocupado, se supone que el ejército llegaría en el transcurso de esta semana, y no creo que puedan entrar antes de que el sitio se complete.

-¿De qué el sitio se complete?, ¡pero si son asediados por más de 20 mil hombres!

- tu aun no has tenido la suerte de visitar la nuestro Sacro recinto por lo que no sabes realmente como esta construido, sus defensas , ubicación y sobre todo, la habilidad de los hombres que la habitan, hacen difícil el asedio y el ataque a nuestros templos. Hay que dar gracias a Eru de que El Supremo Maestre decidió situarlo con un puerto al mar-

Maestro dijo Cid a punto de llorar por el terrible impacto de las noticias -¡Pero la Marina de Ocladum y Atica lo están bloqueando! -

Es cierto, pero recuerda que los mejores generales de dichas flotas son Caballeros de Sephiroth y que a diferencia de estos reinos, nosotros contamos con tecnología satladiense y alto eflica en nuestros barcos, no son normales mi querido Cid, son lo suficiente rápidos y precisos como para esquivar a los pesados galeones ocladianos y confundir a los burlotes de Atica; necesitarían mucho tiempo y gran cantidad de barcos para cerrar todas las rutas al Santuario. Además, también hemos tenido tratos con los orcos y los enanos, y mucho de su conocimiento lo hemos aplicado en la guerra.

Por un momento, el silencio llenó la sala, hasta que Danae, un poco tímida, preguntó: – y ¿Por qué tanto odio contra la orden?, acaso ¿no son también una religión y según se esta prohibida su persecución?- Angel frunció ligeramente el seño, suspiró por un momento y levanto los ojos, como si buscara una buena respuesta en el colorido techo de la casa, suspiró nuevamente, y cuando iba a contestar Han tomo de repente la palabra y dijo:- tienes razón, después de la Guerra de Reconquista los reinos prometieron no más persecuciones contra pueblos y religiones, pero la cantidad es poder, y sin duda la hermandad de la palabra les ha reducido mucho ese poder que tenían con las masas a los imperios religiosos.- Ángel miró a Han con una sonrisa irónica, como si hubiese tocado una nota que el Caballero no deseaba comentar y finalmente habló:- Desde que los doce y el Supremo Maestro comenzaron su predicación en Ocladum, los seguidores de Balder se han mostrado violentos en contra de la Palabra, pues aquellos que han vivido en la mentira y las tinieblas, temen que la luz ilumine sus actos y descubra sus fraudes. Sin embargo no fue hasta que la orden, por medio de sus poderosos medios económicos desarrollados en base a un sistema administrativo generado por el conocimiento y basado en el seguimiento recto de nuestra fe; consiguió ser una potencia económica en favor de los necesitados, Un banco que a los reyes y cortesanos cobraba intereses, pero que a los necesitados financiaba con justicia y caridad. Además estamos situados sobre la ruta de oriente, somos un puerto seguro para el desembarco de mercancías y siempre podrás contar con un caballero que gustosamente cuide a los viajeros sin interés alguno; Además, nuestras propiedades son ricas, las deudas de los reinos con la orden son muchas, sienten que somos un peligro para ellos pues están atados y domados por nuestra fuerza económica, piensan que los vamos a traicionar; pues nosotros tenemos comercio y muy buenas relaciones con Satlada y con los territorios de los Grandes Orcos y Elfos; que no son para nada parecidos a los que ves deambular por estas tierras; ellos son los primeros nacidos y proclamadores de la grandeza de Ilvaltar; Bendito sea su nombre; e igual que nosotros, anunciamos que Balder y el resto de los dioses son solo seres a los que Ilvaltar dio poder, Pues solo existe un único Creador. Nos temen y envidian, desean nuestras riquezas como el hombre desea a una mujer; pero no saben Que Aquel que esta sobre los cielos lo observa todo, y nunca abandonara a los hombres que lo siguen con fe. ¡No!, ¡el Santuario no caerá a menos de que sea por algo más grande que la misma orden y solamente para servir a un bien mayor!, Bendito sea Elros Quetzantli y Elros Tlezcal, ¡Ilvaltar Exaltado en la creación!- Angel, con una voz que iba en aumento mientras las palabras gestadas en su corazón nacían de su boca con fuerza, miraba a todos los que se congregaron en la sala con ojos llenos de ternura y al mismo tiempo fuerza, su predicación atrajo prontamente a los empleados de la finca que cada vez se encontraban más extasiados por la elocuencia de aquella voz que horas antes había sido tan destructiva. Cuando Ángel entonó la jaculatoria final, los trabajadores que con atención habían escuchado cada palabra del Caballero, victorearon con cantos y gritos la grandeza de Aquel al que Angel había llamado Creador; el maestre no podía más que regocijarse de si discurso, y con calma, fue retomando la pasividad que suele mostrar su rostro.

¡Buena predica mi querido caballero; pero es hora de que todos pasemos a la mesa a continuar con una buena comida nuestra platica interrumpió Han después de que un sirviente se acercara y le dijera algo al oído, y mirando a Danae dijo: – Hermosa señorita, ¿quisiera darme el placer de acompáñame hasta mi comedor?- ella, gustosa sonrió y dejó que aquel hombre bonachón la tomase por el brazo y la llevara al comedor; Ángel y Cid iban hablando quedamente detrás de ellos, parecía que el Maestre estaba preocupado por algo que lo aquejaba… En ese instante, mientras todos cruzaban un largo pasillo oscuro lleno de tapices Danae notó que varios sirvientes venían detrás de Ángel y Cid armados con unas hachas para cortar leña y arcos de caza, Ángel y Cid acariciaban la empuñadura de sus armas que colgaban de su cinto, además el mismo Han sudaba nerviosamente mientras trataba de mostrarse calmado y sonriente frente a los demás. Finalmente llegaron a una puerta bellamente adornada, Han, viendo a los caballeros dijo:- Bienvenidos a mi humilde comedor, espero que les agrade la comida- y diciendo eso abrió de par en par la puerta; rápidamente abrazó a Danae y juntos se tiraron hacia un lado, mientras que los sirvientes con arcos se adelantaban y de improvisto descargaron una lluvia de flechas contra unos extrañados guardias imperiales que no esperaban tal treta; algunos heridos por las flechas, cayeron dolidos al suelo, sin embargo, para muchos la armadura los había protegido de la acometida sorpresiva y tomando sus armas se lanzaron al ataque contra los arqueros. En ese momento, Ángel condujo al resto de los hombres al frente, las armas chocaron con violento estrépito contra las armaduras y las alabardas; Ángel, de un solo movimiento cortó la garganta del capitán de guardia, mientras que los demás trataban sin mucho éxito de quebrar a sus respectivos enemigos. Cid, evito ágilmente la estocada del guardia imperial, mientras rápido como una serpiente desnudaba su daga y clavándola con potencia atravesaba la garganta de su oponente. Ángel blandía rápido su afilada hoja, ya dos guardias habían caído ante el, enfilándose a un tercero arremetió de frente y clavando su espada atravesó con fuerza la armadura y el cuerpo del guerrero. Lentamente cayeron los guaridas, y la finca quedo llena de sangre y muerte. Lord Ángel se sujetaba el pecho, dolorido por sus costillas rotas de la mañana y la reciente lucha de ahora. La pelea había terminado, pero era obvio que tenían que huir, antes de que los asediaran y capturaran; se sentía solo y desnudo, ante la oscuridad que se aproximaba…

Fin Capitulo 1

El derrumbe de la Orden de Sephiroth

Las Cronicas de Efestos Cuethendil